Hiram Bingham fue un norteamericano nacido en Honolulu, Hawaii. Se hizo historiador y desde 1907 enseñó cursos de historia y geografía de América del Sur en la Universidad de Yale. Posteriormente fue elegido delegado de los EE.UU. ante el Primer Congreso Científico Panamericano realizado en Chile en 1908. Por ese entonces, ya había comenzado sus actividades como explorador, viajando desde Caracas hasta Bogotá a caballo, siguiendo el rastro de Simón Bolívar. Luego siguió la vieja ruta comercial colonial desde Buenos Aires hasta Lima y llegó a los Andes en 1909. Fue en este mismo año que empezó su primera exploración desde Abancay hacia Choquekirau, tratando de encontrar la última ciudad capital incaica.
En ese momento circulaban muchas teorías sobre la posibilidad de encontrar el “Tesoro de los Incas”, que según contaba un mito, fue tomado por Manco Inca durante su retiro a Wilkapampa. ('Wilka' significa 'sagrado’ y 'pampa', llano).
De regreso en Cusco, Albert Giesecke un compatriota de Bingham, lo puso en contacto con Braulio Polo y la Borda, un hacendado de Mandor. Este hacendado local le dijo a Bingham que en la colina que estaba frente a su propiedad habían unas construcciones antiguas cubiertas de vegetación, donde el ganado se perdía con frecuencia y, además, le presentó a Eduardo Lizárraga, un arrendatario de las tierras de labrantío que vivía en la zona desde 1870, quien había visto las edificaciones.
El 23 de julio de 1911 Bingham fue a Mandor con un policía, el sargento Carrasco. Allí encontraron a un campesino llamado Melchor Arteagam, quien le contó a Bingham sobre la existencia de dos sitios incas llamados ‘Machu Picchu’ y ‘Waynapicchu’. El mismo hombre fue contratado por Bingham para que lo condujera a la ciudad inca.
Al día siguiente después de examinar el campo, decidieron subir por la parte occidental de la montaña. Por la tarde llegaron a otra choza, donde encontraron a Anacleto Álvarez y Toribio Recharte, dos humildes campesinos que, junto con sus familias, vivían en la zona y cultivaban en los andenes agrícolas prehispánicos. Después de un corto descanso, un muchacho llevó a Bingham a dar su primera mirada a las edificaciones incaicas que estaban completamente cubiertas de una enmarañada vegetación.
Fue así como a sus 35 años de edad, Bingham tropezó con Machu Picchu – un suceso fortuito que resultó ser un gran descubrimiento.